La simulación del placer llevada a todos lados

                                                                                                                                                                         La lucha por la libertad necesita

                                                                                                                                                                        una referencia a algún dogma incuestionable.

                                                                                                                                                                                                                                                          Kant

Actualmente el humano recorre un laberinto sumamente espeso y crudo. Pareciera que ya todo fue sobrepasado en esta sociedad. Parece que el supuesto “miedo” que la simulación del poder ejerce sobre los humanos es superado con el conocimiento de éste. Es decir, como podemos tener a la mano la información sobre lo que sucede en nuestra realidad a través de los “medios de comunicación”, eso en cierta medida nos hace permanecer inertes ante los hechos. Sabemos los hechos y ya. Entonces la gente los comenta por las calles y las redes sociales, protesta con un tweet -lo he hecho-, con un like u otra efímera manifestación. JAJAJA, me río con mayúsculas de este enorme engaño del cual soy parte. Pero ¿cómo es posible que el humano se deje engañar? Son tantas cosas, quizá una cosa que influye es que el humano permanece de acuerdo gracias a la simulación del placer que vive día a día gracias a la tecnología. Veamos un nimio ejemplo.

La música

Gracias a la maravilla de los audífonos podemos desconectarnos del mundo, dar placer a nuestra cabeza y algo más ¡se llevan a todas partes! Ya no hay que sufrir con los ruidos horrendos de la ciudad, con las platicas de la otra gente que no nos interesan -o a algunos sí-, simplemente escuchar aquella música. 

Pero no todo es tan malo, de hecho una cosa es que el humano viva de una forma y otra muy diferente es que se atreva a aceptar lo dañino que es. El punto no es que la música sea dañina, mucha es bella y más allá del tipo de música que sea lo que aquí me interesa resaltar es otra cosa. Cuando alguien hace de música que hemos decidido que nos aporta placer, que nos gusta. No es la música solamente, sino toda la gama de significado de la que la dotamos, esa música representa muchas cosas para nosotros e incluso a mucha gente la llega a enajenar…, como si ese show fuera real. Pero quizá sea real. Nos identificamos en la creación de ese artista -aunque sea una simulación- pensamos que comparte nuestra postura ante nuestro microcosmos.

En ese microcosmos en el cual hemos dotado de significado a diferentes personas, lugares y ¡cosas! guardamos con cierto cariño a nuestros audífonos. Clara es la enajenación por medio de la tecnología que se vuelve en el humano su modo de vida, justo ahí hay un inconveniente porque se entrega al placer momentáneo absoluto, a todas horas, a cada segundo. No tiene tiempo de interesarse por lo que le afecta y peor, no le interesa lo que le afecta a los suyos, a los otros humanos. No vive, sobrevive. Disfruta para no pensar. En realidad pensar.

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